Mi nombre es Nicole y mi apellido es una encrucijada resuelta entre sílabas con toque materno multiplicado por dos. Nací en tierra pampina “María Elena”, seca y erguida a través de las décadas salitreras y del viento casi fúnebre entre oasis y desierto un día de agosto que me corona como quien dice cósmicamente “la reina de la selva terrestre”.
Mi familia está compuesta por cinco pilares: mis abuelos, ambos raíces de todo lo que puede resultar de mi existencia, mi madre poderosa, luchadora y modelo de mujer contemporánea de armas tomar, mi hermana haz de conciencia y yo, que procuro no ser autorreferente, a pesar de jugar a realizar una autobiografía.
Residí en estos terrenos hasta el noveno año de mi vida hasta llegar a la connotada “Perla del Norte”, lugar donde como espejo roto en un extremo destruyó la burbuja para mostrarme la realidad tal como es: corrompida, indivualista, competitiva, diversa, el mar y sus nobles especies y mucho más, entre otras cosas la libertad de desenvolverse en el meollo de las problemáticas sociales y de responsabilizarme por ellas.
En asuntos sociales propiamente tal he tenido suerte siempre al poder hallar directrices de vida tan potentes como el contenido de mis doctrinas (que no están establecidas en cánones delimitados, sino en torno al universo y sus propias leyes). Amigos tengo tanto como brazo derecho e izquierdo, dotados todos de un carácter avasallador, no así arribista, como considero que ha de ser la gente que si sabe aprovechar la vida. Compañeros de vida que encausan mi camino a partir de los tiernos años de estudios básicos y nuevos aportes que también se han ido incorporando a medida que trasciende la vida en aulas universitarias.
Si he de referirme a mis sueños y proyecciones puedo decir que mientras tenga vida, accederé a posicionarme en diferentes roles como así quisiera: titularme de periodista, aprender lenguas, viajar a realizar investigación antropológica y sociológica respecto a etnias y por qué no establecerme en San Pedro de Atacama, hasta hallar otro quiebre que me impulse nuevamente, quizás a realizar clases de Lenguaje y dedicarme a la animación (así como en tiempos de mi tierna juventud). En fin, cobrar antes de realizar el trabajo, nunca ha sido mi estilo de vida, sé que así como todo es posible también todo es efímero y únicamente moldeable por las situaciones. Sólo he de entregar lo mejor de mí.