Eficaz elemento para construir mordazas, de tus manos secas en barniz morado y azulejos que no brillan, porque no sanan. Sin embargo el ventorral que se arrima en mi quehacer no coexiste sin tu piel; la vorágine de tenerte para lograr sentirme bien.
Desmesura del recoveco poligonal el cual sucumbe otra vez ante mis caderas sagradas de neón. Tergiversan la lluvia sensata al unísono de nuestras almas que no poseen parentesco de aventurera sangre sideral.
Prever y sentir bien, nunca me sentaron bien. Mas la llaga de no serte fiel enciende la hoguera cizañera del jolgorio popular en tus andenes ferroviarios.
No consideran la horizontal línea que atraviesa nuestro mapamundi para transformarlo en Oriente y Occidente, opuestos entre sí. Mientras en tu senda recobra vida el sol tenue de la mañana ventisquera, en mis aposentos recae la noche Andina, a veces saturnina, que no identifica al glaciar profundo de mi calor furtivo, ya que se presenta efímero cual nieve en pleno verano.
Retomar el camino de regreso a mis pupilas, es la tarea que el presente lleva. Sin más que los pies húmedos, las caricias del frío viento y la confianza que logro invocar.. a pesar de hallarme en un sitio semi eriazo, de un devenir poco sincero, donde a pesar de lo lúgubre de lo postmoderno aconsejan sublimes las hojas verdes que saludan desde nuestro año cero, en comparación al blanco casi simbólico de la desconfiguración total que emana del nido, que mientras volcaba amor a desmedro sembraba tormenta para el mañana que sabe a presente sucio de barros coloquiales que engendran tus mentiras y las mías.
Es momento de invocar al nido propio, que carece de atención divina, par que abriese más turbinas a esta canción que no termina y que se llama: mi vida.
